Los hábitos crepusculares o nocturnos de los mamíferos y sus costumbres retraídas, hacen que sean muy difíciles de observar directamente. Sin embargo, en sus movimientos habituales en busca de alimento o cuando delimitan sus territorios, dejan numerosas evidencias de su presencia que, solo con observar atentamente, se encuentran en gran número. Una vez descubiertas, habrá que tener en cuenta su forma, su tamaño, su aspecto o su ubicación, para llegar a saber que animal ha pasado por allí. Las huellas permiten, con un simple vistazo, distinguir undulados, como jabalí, corzo, rebeco, oveja o vaca, si la huella tiene la típica forma de pezuña y carnívoros, como perro, zorro, lobo, tejón, gato montés o garduña, si se diferencia la planta y cada uno de los dedos.
Después, será necesario afinar más para poder determinar a que especie en concreto corresponde la huella encontrada.