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Repoblaciones forestales
Existen varias zonas de repoblaciones forestales con las correspondientes pistas forestales y cortafuegos. Se trata de un conjunto de actuaciones llevadas a cabo desde la década de los sesenta, por la administración forestal de la provincia. Su principal objetivo era paliar los graves problemas de erosión y pérdida de suelo que sufrían estos valles, tras años y años de uso intenso y quemas sistemáticas.
Las zonas reforestadas suelen estar muy degradadas, con avanzados procesos erosivos, fuertes pendientes en las laderas que acentúan el proceso y tapizadas por un manto de matorral de urces (brezos), resultado de repetidos incendios.
Aunque no se descarta su aprovechamiento económico sostenible, las repoblaciones han tenido y tienen por objeto, frenar esta degradación del suelo y restituir la superficie arbolada. Para ello se han empleado tradicionalmente especies pioneras de crecimiento rápido, capaces de sobrevivir en suelos muy empobrecidos, como abedules o pinos silvestres.
Estas especies mejoran poco a poco las condiciones edáficas, dan sombra y protección, lo que permite, al cabo de cierto tiempo, la instalación de otras especies más exigentes en sus requerimientos ecológicos, como robles, cerezos o serbales, que proliferan en varias zonas como en el valle del pinar de Mirantes, una antigua repoblación de más de 40 años, en la que los robles albares y los abedules crecen entre los pinos, estando el sotobosque tapizado por arándanos. En la actualidad, las técnicas forestales intentan compaginar los plantones de ambos grupos, incluyendo el mayor número de especies posible, en función de la calidad del medio.

Los sabinares.
Los bosques de sabina (Juniperus thurifera) proliferaron durante el último período glaciar, cuando solo las coníferas como ellas, eran capaces de soportar las extremas condiciones de frío y sequedad reinantes. A medida que el clima se fue suavizando, las sabinas fueron quedando relegadas a pocos enclaves donde las especies frondosas, como los robles o las hayas, eran incapaces de crecer. Se trata de parajes donde escasea el agua, y los suelos están muy poco desarrollados.
Son pocas las especies que acompañan a las sabinas y todas muestran un marcado carácter mediterráneo, como los tomillos, oréganos o lavandas.
La denominación científica de thurifera se refiere a la producción de incienso, ya que su madera es muy aromática y cuando se quema, produce un olor que según las creencias populares “ahuyenta a los insectos y hace huir a las culebras”.

Los robledales
Los robledales son otras de las formaciones boscosas autóctonas que aparecen en Piedrasecha. Han sufrido un aprovechamiento tradicional mucho más intenso que los sabinares. Los bosques de roble tienen multitud de utilidades: su leña es de gran poder calorífico; producen suelos de buena calidad para la agricultura, por lo que han sido eliminados en parte para la obtención de pastos y tierras de cultivo; su madera se ha usado durante siglos en la construcción, para la estructura de las casas, en los corredores, como se puede contemplar en algunas vigas de la casa.
Los robles, se podaban tradicionalmente a finales de verano para obtener “hoja”, ramas que se almacenaban y servían como alimento al ganado cuando las reservas de hierba de los pajares comenzaban a escasear durante el invierno.
Una vez al año se procede a limpiar distintas zonas de robledales para evitar incendios, por los vecinos de Piedrasecha. De esas limpiezas obtenemos la leña que se utilizar en las chimeneas de nuestra casa.

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